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miércoles, 25 de febrero de 2009

"El psicoanalista esta en camino de reinventarse"


Entrevista otorgada el sábado 19 de enero de 2008 por Jacques-Alain Miller
al Diario Libération

«Replegarse sería mortal para el psicoanálisis»

por ÉRIC FAVEREAU
Diario: sábado 19 de enero de 2008

Jacques-Alain Miller. Yerno de Jacques Lacan. Personalidad muy controvertida, director del departamento de psicoanálisis de la universidad Paris-VIII, Jacques-Alain Miller, 63 años, creó en 1981 la Escuela de la Causa Freudiana. En 1992, fundó la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Bajo su autoridad se publican los textos de los seminarios de Jacques Lacan, a cuenta gotas, se lamentan algunos. Es también alguien que polemiza. A la cabeza de la lucha contra la enmienda Accoyer, que quería legislar sobre la psicoterapia, retoma el combate contra los cognitivistas, obsesionados con la evaluación.
Organiza en la Mutualité en Paria, el 9 y 10 de febrero, un "gran meeting para que viva el psicoanálisis", sobre el tema: ¿qué política de civilización?


Se habla nuevamente de la enmienda Accoyer, que busca enmarcar el uso del título de psicoterapeuta. Provocó la ira de todo el medio analítico. Vuelve pero bajo una forma atenuada. Y usted, vuelve a la guerra…


El asunto de la enmienda está cerrado. No hay ningún contencioso después que Bernard Accoyer renunció a su primer texto, que se arriesgaba a definir las diversas psicoterapias. Su preocupación por regular el uso del título de psicoterapeuta fue escuchado por el medio psi, que, desde hace pronto tres años, es parte interesada en la concertación sobre el decreto de aplicación. Por el contrario, sí, para mí el combate se ha vuelto permanente.

¿Pero qué combate?

Freud dia gnosticó hace mucho tiempo un « malestar en la civilización". Estamos mucho más allá: todo el mundo siente que la civilización occidental tiende a volverse francamente invivible. Esto suscita revueltas, una guerra civil, pero que respeta las formas del debate democrático.

¿Ciertamente, pero qué guerra ?

Hay una guerra ideológica que opone, por una parte, los cuantificadores, los cognitivistas (1), con su pretensión creciente de regentear la existencia humana en todos sus aspectos, y por otra parte, todos aquellos que no se inclinan ante la cuantificación en todas partes. El fanatismo de la cifra, no es la ciencia, es su mueca. No hace mucho, la administración, era aún burócratas a la Courteline. De ahora en más, la electrónica pone entre las manos de las burocracias occidentales un poder inmenso de almacenamiento y de tratamiento de la información. Se han embriagado con eso, perdieron el sentido común. Las más afectadas son las de la Unión europea, herederas de las monarquías. Van hacia la vigilancia generalizada, de la cuna a la tumba. Aspiran al control social total. Se prometen remodelar al hombre en lo que tiene de más profundo. No se trata ya solo de "gobernar los espíritus", como quería Guizot, ni incluso sugestionarlos con olas de propaganda masiva.
Nuestros amos están tan confundidos por el progreso inusitado de las bio y nanotecnologías que sueñan con manipular en directo el cerebro con implantes y electrodos. Hasta tanto se pueda hacer eso, ¿por qué no poner a punto una humanidad higiénica, desembarazada de una buena vez de lo que Freud llamaba la pulsión de muerte, una especie humana mejorada, transhumana? Quedamos reducidos a decirnos: !por fortuna existe el papa! Pues cuando los débiles mentales tienen el poder, el progreso científico engendra utopías autoritarias que son verdaderos delirios megalomaníacos. Esto fracasará sin remedio, pero hasta tanto produce estragos. No hay que dejar hacer, incluso si los clivajes nuevos que suscita esta desmesura no obedecen ya a la lógica izquierda derecha


¿Pero, en qué concierne al psicoanálisis esos clivajes, que es del orden del dominio privado?


Desde comienzos del siglo XXI, la burocracia decidió que la salud mental de los pueblos formaba parte de sus atribuciones. Invadió los dominios de la escucha, de las terapias por la palabra, se ocupó de remodelarlas del principio al fin. En la práctica, esto quiere decir: atacar al psicoanálisis. Tratar de eliminarlo en provecho de la técnicas de persuasión, las terapias cognitivo comportamentales, que pretenden que sus efectos son cifrables, por lo tanto científicos. Es la impostura del cognitivismo. El cognitivismo, es decir la creencia que el hombre es análogo a una máquina que trata la información.

En esta óptica, se trata de hacerle escupir cifras al alma. Se mide a cuanto más mejor, se cuenta todo y no importa qué; los comportamientos, las casillas marcadas de los cuestionarios, los movimientos del cuerpo, las secreciones, las neuronas, los colores de la resonancia magnética, etc. Sobre estos datos recogidos de este modo, se elucubra, se los homologa a otros tantos procesos mentales que son perfectamente fantasmáticos, se imaginan haber puesto la mano sobre el pensamiento. En resumen, se divaga, pero como está cifrado parece científico. Todo un cúmulo de metáforas infiltró de este modo el discurso corriente, a fuerza de producir y de manejar máquinas, al hombre contemporáneo le gusta imaginarse ser una de ellas.


¿Un ejemplo ?

Nos explican que estar enamorado, ocurre cuando nuestra serotonina baja a menos del 40 %. Esto se midió en cobayos que aseguran piensa en el ser amado al menos cuatro horas por día. ¿El amor loco? Hace subir la dopamina. Por lo tanto si usted tiene propensión al amor loco, se trata sin duda de que tiene una pequeña falta de ese lado. Por el contrario, si usted permanece con la misma persona, es porque su tasa de ocitocina, llamada la hormona del amor…En resumen, se retranscriben sus emociones en términos cuantitativos, y el juego está hecho. Esta cuantificación enloquecida, que es un puro simulacro del discurso científico, se extiende por todas partes. Constituye la felicidad de la administración, la justifica, la alimenta, la incita a recubrir todos los aspectos de la vida.

¿Todo debe arrojarse en el cognitivismo ?

!Oh sí ! Es una ideología que mimetiza las ciencias duras. Pero si se ha extendido tan ampliamente, es porque expresa algo muy profundo, una mutación ontológica, una transformación de nuestra relación con el ser. Hoy, no estamos seguros de que algo exista si ese algo no es cifrable. La cifra se ha vuelto la garantía del ser. El psicoanálisis también descasa sobre la cifra, pero en el sentido del mensaje cifrado. Explota las ambigüedades de la palabra. En este sentido está en el polo opuesto del cognitivismo, a este le es insoportable.

Usted señala igualmente que esta ideología de la cifra está en vías de imponerse en la universidad…


La evaluación hizo su entrada en la universidad hace veinte años, pero hay un salto cuantitativo con la Agencia de evaluación de la investigación y de la enseñanza superior (la AERES). Es muy reciente: fue creada por la ley del 18 de abril de 2006 e instalada el 21 de marzo. Desde 1985, los organismos encargados de la evaluación se han multiplicado, pero los universitarios e investigadores estaban representados en sus direcciones, y habían aprendido a vivir con ello. Se acabó. Todo ha desaparecido en provecho de una agencia única, "autoridad administrativa independiente" que cubre el territorio nacional. Actúa bajo la autoridad de un consejo bastante raro, el ministerio nombra a los miembros por decreto. Ningún miembro elegido. Del mismo modo, el "delegado" nacional, responsable de cada disciplina, no emana, de ningún modo, de la comunidad de los investigadores, es designado por el presidente de la agencia. El sistema fue concebido por el Pr Jean-Marc Monteil, eminente psicólogo social cognitivista. Está encargado de la misión del gabinete del Primer ministro, mientras que la Agencia es presidida por el Pr Jean François Dhainaut, especialista en biotecnología. Delegado nacional para la psicología: el Pr Michel Fayol, sucesor del Pr Monteil en la universidad de Clermont-Ferand, la única de esa talla donde la psicología clínica es rigurosamente amordazada desde hace años. El Pr. Monteil me explicó sin risa que era en razón de su incompetencia notoria en la materia. La Aeres es un monstruo burocrático hipercentralizado y particularmente opaco: nada que ver con América. Recuerda más bien a la difunta Unión Soviética.

¿Cuál es el objetivo ? ¿Expulsar al psicoanálisis de la universidad?

El objetivo es rentabilizar la investigación. El resultado será muy diferente. En nombre de la planificación total y de la objetividad perfecta, se ejerce el sadismo sobre los universitarios y los investigadores. Se expanden pasiones tristes – inquietud, pérdida de estima de sí, depresión -, al mismo tiempo que con una dulce voz dicen. "Por favor, no tengan miedo!" Y al mismo tiempo, Sarkozy promete hacer de las universidades lugares de efervescencia intelectual. Esta usina a gas se romperá la cara, por supuesto, pero será mejor que sea lo antes posible. Aparte de esto, no solo el psicoanálisis es insoportable para los cognitivistas, es el método clínico, porque apunta a lo singular, en tanto que ellos solo juran sobre la estadística. Tienen horror del sujeto, no conocen más que "al hombre sin cualidad", como decía Musil.
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Pero siempre ha habido un combate entre los clínicos y los cognitivistas…

Desde siempre, los clínicos tenían a los estudiantes y los cognitivistas tenían los títulos unviersitario. Lo que cambió, es que hoy los cognitivistas, amparados en su posición administrativa, intentan erradicar a sus competidores. Y lo lograrán, salvo si la tutela política reconoce que la unidad de la psicología es de ahora en más un mito. Entonces, se pondrá de un lado al psicoanálisis, la psicología clínica y la psicopatología. Y del otro a la psicología experimental y cognitivista. Cada dominio con sus competencias propias. A falta de lo cual, el psicoanálisis desaparecerá muy rápido de la universidad. Es lo que le expliqué a Valérie Pécresse, invitado por ella, y es lo suficientemente inteligente como para no permanecer en la memoria como la Atila del psicoanálisis.

¿Está es psicoanálisis en estado de defenderse ?

«Vivamos felices, vivamos escondidos », esta era la divisa de los psicoanalistas. Esto no se sostiene más. Replegarse en su terreno sería mortal para el psicoanálisis, pues ya no tiene terreno, simplemente. En resumen, los psicoanalistas no podrían dispensarse de tomar parte del debate público.
Además existen las prácticas. Hay que innovar. Cada vez más practicantes analizados reciben a sus pacientes en las instituciones. El psicoanalista está en camino de reinventarse. Constatamos que pueden producirse efectos analíticos en otras partes y no solo en el consultorio privado. Hace cuatro años que la Escuela de la causa freudiana ha abierto un centro psicoanalítico de consulta y tratamientos, en el Xmo distrito de París, que recibe gratuitamente a todo el que llega. Esto se extendió como un reguero de pólvora: con iniciativas locales, otros diez centros se han abierto en Francia. Cuatro en España, y también en Italia. En vista de los resultados, los poderes públicos los sostienen cada vez más. Esto testimonia una sorprendente evolución de las mentalidades. Logra alcanzar lo que Freud quiso hacer, dispensarios gratuitos



Usted no habla de la amenaza de la psiquiatría biológica y del peso preponderante de los medicamentos…

El psicoanálisis no es la cientología. El recurso a los psicotrópicos no está proscrito por principio..

¿Que pensó usted de la campaña nacional sobre la depresión ?

Es Knock a la milésima potencia. Un discurso masificante que trata de penetrar en lo más profundo de cada uno, para remodelar el sentido de sus emociones más íntimas. La ministra de Salud debió darse cuenta de que algo no andaba porque dio su auspicio a un coloquio que organizo sobre el tema.

Dejemos a los cognitivistas. ¿Puede haber miradas de evaluación sobre las prácticas analíticas?

La cultura de la evaluación es un señuelo. Se apela a ella para cumplir bajas necesidades bajo la cubierta de la objetividad. Se hace como si el saber absoluto posara su dedo sobre usted y le indicara lo que usted vale: usted solo tiene que decir amén. En la práctica, la evaluación está siempre en manos de una claque que hace sus cuentas. Es un procedimiento de tipo soviético. Es la última resistencia a la ley del mercado.

¿Usted prefiere las reglas del mercado?

Si hubiera que elegir entre la evaluación y el mercado, preferiría aún el mercado. Para evaluar el departamento de psicoanálisis de París VIII, que es el líder mundial para el psicoanálisis de orientación lacaniana, nos envían algunos desdichados cognitivistas que, ellos, van a remolque de la psicología americana: nos toman por chiflados. Nosotros los consideramos nulos.

Le control o el pase,¿ no es sin embargo una forma de evaluación?

Una elucidación, no es una evaluación. No se trata de ubicar valores sobre una escala preestablecida, sino de volverse disponible para la sorpresa del acontecimiento singular. El psicoanálisis es algo a medida, no la confección en masa. Dicho esto, en psicoanálisis, se nos juzga todos los días por sus resultados, pero no por expertos: sino por los que lo utilizan, por el consumidor.

¿Como reaccionó usted a la grilla de evaluación de los ministros, sugerida por el presidente de la Republica?

Folklórica. Nadie lo toma en serio. Es para desembarazarse de los ministros perezosos o que dejaron de gustar. Siendo así, el sarlozysmo es un muy curioso voluntarismo, que oscila entre el estatismo y el liberalismo. Napoleón o Raymosn Aron, Sarkozy no eligió, y eso vira a la confusión. Los socialistas, eligieron. El PS fue fragmentado en bandas, todos sus expertos son hiper evaluacionistas. Se convirtió en el partido del "hombre sin cualidades", el portavoz de los altos funcionarios: "¿El interés general? Nos conoce, vamos a calculárselos" No es seguro que la izquierda pueda ahorrarse su disolución si quiere renacer un día.
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(1) El congitivismo designa una corriente de investigación científica que sostiene la hipótesis de que el pensamiento es un proceso de tratamiento de la información
Traducción : Silvia Baudini (from eol-postal)
(From Libération)

sábado, 14 de febrero de 2009

Neotenia: génesis de la transferencia en el sujeto


Desde que Freud se avanzaba en sus investigaciones y a medida que se aventuraba con paso firme en los oscuros dominios del inconsciente se iba encontrando con muchos de los conceptos que hoy en día son esenciales para entender la estructura de la psique humana. Cuando se encontró de frente con el fenómeno de la transferencia temió que en ella se encontrará uno de los más grandes obstáculos para encontrar el camino hacia la cura, sin embargo, esa visión cambió radicalmente a favor del análisis. Sin embargo, el enfoque que se le ha dado difícilmente se aventura a salir de los procesos del análisis. A pesar de esto las relaciones de orden transferencial que se presentan en el sujeto son bastas y no de menor importancia que la que se establece con el analista.
Estudiar la transferencia desde la perspectiva de la neotenia no es un tema muy profundizado por el psicoanálisis ni por la psicología, no se pretende decir que nunca se haya tratado pues Lacan se sirvió de este mismo concepto para teorizar el estadio del espejo que seria una de sus más importantes contribuciones. Por lo tanto situar al hombre como un animal neoteno nos permite entender más sobre la necesidad de la raza por servirse de la transferencia así como también comprender más a fondo el enfoque de la constitución del sujeto en la neurosis. Si el hombre es un animal lanzado al mundo de manera prematura, será necesario el cuidado de la madre hasta que obtenga la maduración biológica para sobrevivir, este cuidado minucioso y prolongado desemboca en un detenimiento del desarrollo biológico, inevitablemente a costa de una perdida de la identidad biológica que nos caracterizaría como especie en un lugar de la naturaleza.
Ilusoriamente el hombre cree dominar el mundo, esta ilusión, creada por si mismo es el resultado con que el ser humano se ha encontrado por separarse de su posición original en la naturaleza, posición que cualquiera desconoce. La invención de una segunda naturaleza correspondiente a la psíquica actúa como una barrera invisible entre la raza humana y los demás animales que habitan este mundo, sin embargo esta barrera invisible actúa como un no saber, un desconocimiento de nuestra originalidad como raza. Esto viene a representar una confusión que como es sabido, no se puede separar mente y cuerpo, yo y ello, pulsión e instinto, cuya consecuencia adentra al hombre en la ilusión de su ser. Esta segunda naturaleza es todo lo que puede verse y puede hablarse, el hombre esta encapsulado en ella cuyo escape es ya inevitable.
Es a través de esa memoria que se le imprime al sujeto desde el momento en el que nace, prematuro e incompleto, que surge la necesidad de recopilar todos los atributos y características de las que se carece, precisamente, es mediante las relaciones transferenciales que se busca absorber todas esas habilidades que el otro si posee. El hombre neoteno instintivamente necesita sobrevivir, para ello se sirve de la transferencia, las bases de la existencia las tiene el otro, el semejante lo que es más parecido a él y que también se ha servido de las mismas bases para coexistir. El saber lo tiene el otro cuya semejanza da confianza y de su impariedad resulta la agresividad.
El hombre se vuelve así un animal solitario carente de identidad biológica, cuyo hueco deja en el ser una búsqueda interminable de completad que nunca alcanza por el hecho de que busca en el lugar equivocado, en el mundo del lenguaje. Este mundo instaura al hombre como sujeto, por el hecho de que se cuelga de el para construir y dar forma a la forma virtual de su vida.
Saberse un ser carente e incompleto no solo se traduce en buscar relacionarse con aquellos objetos que representan una figura de poder y completud, sino que también envuelve al sujeto en una necesidad constante de demostrar a los demás que él tiene características superiores y que buscará cada momento posible para este fin. Competencia constante en cada aspecto de la vida diaria que puede tener como punto de origen el complejo de Edipo en el que el neoteno se da cuenta que la competencia con padre es de hecho una empresa cercana a lo imposible, debido a las diferencias abismales entre lo que neotene no posee y todo aquello de lo que el padre hace gala, características de una independencia y poder absolutos que el neoteno envidia, ya que él en su incapacidad siquiera de valerse por si mismo, en una humillante comparación con el padre, terminara desistiendo en su empresa.
No solo eso, sino que un complejo inherente a toda la humanidad se verá también reflejado en la necesidad constante de demostrar que somos superiores al resto de las especies que habitan sobre la tierra, presumiendo de habilidades que han surgido de la desesperación de ser incapaces de sobrevivir con solo las habilidades biológicas como las demás especies, con precarios intentos de adaptarse al medio, como lo hacen las demás especies, han tenido que desarrollar tecnología que adapte al medio a sus necesidades. Han utilizado también la religión como un medio para aliviar su ansiedad al saberse seres incompletos, la idea de un dios que ha creado al ser humano como la máxima expresión del poder que posee, como en la religión católica, deja sin lugar a dudas al ser humano por encima de las demás creaciones inferiores, por lo que la transferencia que se da hacia ese Otro que es la religión es uno de los ejemplos más notables de la búsqueda constante en la que se encuentra el ser humano por encontrar “aquello” de lo que carecen.


CARTAS PARA LA SOBREVIVENCIA

Ubicar a la neotenia como origen y punto de partida de la transferencia en el sujeto nos lleva a un análisis de la obra de Dany Robert Dufour “Lettres sur la natura humaine à l’usage des survivants” (Paris, 1999) sus teorías sobre la neotenia sirven para justificar la idea del humano como un ser de esencia prematura basada en características biológicas y ontogénicas, pero es a partir de el estudio de estas cartas que Dufour escribe sobre la neotenia, desde una perspectiva filosófica que describe la repercusión que tiene el estado neoteno en el ser humano en su vida anímica, la relación estrecha que existe entre las características neoténicas en el sujeto y la invariable necesidad de búsqueda en el otro de aquellas características que le son ajenas ,y utiliza como medio para este fin a la transferencia.

La incompletud del sujeto

Refiriéndose al hombre en su constitución biológica Dufour (1999), se utiliza a sí mismo para describir una serie de características que le son propias a toda la humanidad en donde menciona: “salí demasiado pronto, prematuro, ni hecho ni por hacer, tan poco acabado que habría debido fallecer, sin dejar huella.” Basado en la observación de primates, en los que su desarrollo y características animales son las que más se asemejan al hombre, Dufour nos muestra la inmadurez biológica que posee el hombre, pues este es lanzado al mundo cuando aun no es apto para sobrevivir por sí solo, características tales como particularidades fisiológicas, capacidad motriz, carencia de habilidades para proveerse por sí mismo de alimento y un pobre desarrollo sexual. El hombre tarda mucho tiempo en afinar estas características para lograr sobrevivir por sí solo ya que está condenado a mantener una total dependencia con la madre hasta ya muy avanzada su existencia.
Basándose en los escritos del biólogo Bolk, sobre la neotenia en el hombre Dufour menciona “(...) el maravilloso acto de haberse erguido y haber contemplado las cosas desde lo alto gracias a esta posición dinámica erecta que me orgullece tanto a mi como a mis congéneres, verás que esta verticalidad esencial que me hizo mirar al sol y las estrellas es simplemente un carácter consecutivo de la fetalización” (Dufour, 1999). El trabajo de Louis Bolk, menciona que el hecho de que el ser humano se mantenga en pie no se debe a un carácter consecutivo de evolución, sino por el hecho de que éste mantiene su estado fetal a lo largo de su vida a consecuencia de un estancado desarrollo que vuelve mas lento el desarrollo biológico a corto plazo. Bolk menciona “el retardo del desarrollo tiene como consecuencia que dos generaciones consecutivas permanezcan juntas por mucho mas tiempo” (Dufour, 1999), consecuencia que llevó al ser humano a atenerse en su condición actual y escribe lacan que “el inacabamiento orgánico se suple con una experiencia decisiva de naturaleza psíquica, en el proceso de formación del individuo” (Dufour, 1999), de esta manera el carácter biológico del hombre, al verse detenido en su desarrollo, provoca una sustitución imaginativa o simbólica en su lugar, acto que lleva al hombre a vivir en un mundo de irrealidad o ficción, una segunda naturaleza se construye, una segunda naturaleza que sustituya a la primera, la cultura.
El ser humano bajo la necesidad de categorizar entre lo que se es en sí y lo que no es él, se ha llamado a sí hombre y categoriza como animal lo que le es diferente, pero en estos dos existen algunas características particulares. Dufour describe al animal como un ser que concentra toda su fuerza e instinto en el momento crucial: “toda su existencia se moviliza en el instante. Nunca es cogido en falta y de hecho, si lo fuera por medio segundo, allí dejaría sus plumas o su pellejo. Habita totalmente el instante. Sabe plenamente utilizar su equipo en el momento crucial.” (Dufour, 1999). Nunca es cogido por sorpresa por la naturaleza, sabe lo que tiene que hacer y utiliza toda su destreza y atención en hacerlo en el preciso momento.

El animal es finito, finalizado, sabe lo que tiene que hacer, donde y como hacerlo y cuando tiene cita con su objeto, presa o partenaire. Esta absolutamente presente en el espacio tiempo del encuentro (…) integralmente presente en el presente inmediato del instante. (Dufour, 1999)

El hombre, a diferencia del animal, su existencia esta basada en las experiencias pasadas o en las expectativas del futuro, su concentración no permanece en el presente.

Heme entonces neotene, perteneciente a una especie que se constituyó a partir de una subramificación, incapaz de llegar nunca al estado adulto. Ojo, soy muy bueno para fracasar: en mi, los rasgos normalmente transitorios del carácter juvenil se han vuelto definitivos. Por tanto, no soy solo un ser juvenil, sino un ser juvenil que ha llegado a ser capaz de transmitir esos caracteres de juventud normalmente transitorios. (Dufour, 1999)

Cabe destacar que Dufour concibe al hombre como un ser con una enorme capacidad para el fracaso. Entendemos entonces que el ser humano, en su historia, ha fracasado en su intento de adaptarse de manera natural a su entorno, incapaz de sobrevivir del modo en que el resto de los animales lo hacen, tiene como única salida construir un entorno artificial en el cual su inmadurez se oculta. Por esto, el ser humano es de naturaleza fracasante, así pues, él mismo entiende que la perfección es algo que se encuentra distante de sí mismo y recurre a las relaciones transferenciales para absorber de los demás todo aquello que no le pertenece.
También destaca la capacidad del ser humano como un ser juvenil que es capaz de transmitir esos caracteres juveniles, es decir, hereda a sus descendientes una mediocridad adaptativa, les enseña a aceptar su condición de incompletos por un lado y por el otro les muestra que su única salvación para que el ser humano no desaparezca es la creación de cultura. ¿De que depende el anclaje del ser humano como una especie neotene?
Bolk (1950) menciona que “el retardo del desarrollo tiene como consecuencia que dos generaciones consecutivas permanezcan juntas mucho mas tiempo.” Es decir, en la especie humana es necesario, después del nacimiento, permanecer al lado de la madre durante más tiempo del necesario, mientras que una cría de ciervo puede caminar desde que es expulsado del vientre materno y esto le da la capacidad de ser independiente en un alto grado, en el ser humano es necesario que el menor dependa de sus padres por muchos años, ya que, además de la dependencia biológica en los humanos, se ha creado una dependencia social, misma que incrementa el tiempo que se debe permanecer al lado de los padres para poder lograr la tan ansiada independencia, esto depende de cada cultura, pero en nuestra cultura occidental el mínimo de tiempo aceptado para que un menor abandone a su familia va de los diez y ocho hasta los veintiún años. Pero, a pesar de que pudiera existir una separación física de los padres, existe una dependencia aun mayor que la biológica y la social, se trata de la dependencia psíquica del ser humano, Se demuestra entonces como el ser humano ira cargando con una dependencia psíquica heredada por sus padres, cada acto que realice en su vida será un reflejo de aquellas experiencias vividas bajo el seno materno, creando los padres en el menor, en sus etapas mas tempranas, una dependencia que acudirá a él a manera de transferencia. Sin embargo el ser humano al encontrarse desprovisto de aquellas características propias de los padres y con una visible inmadurez biológica, se da a la tarea de sofocar su desarrollo orgánico creando en su génesis colectiva un paradigma que hace creer a toda la especie que en realidad son seres de perfecta concepción y de naturaleza superior al resto de las especies.
Podríamos pensar que el hombre, en determinado momento de su historia, detuvo el proceso evolutivo natural de las especies debido a que encontró en la cultura la manera de superar aquella inmadurez que le posee, y que gracias a los beneficios que le da su cultura recién construida, aparta entonces la vista de la evolución orgánica, para dar paso a la creación de tecnología que le facilita pensarse como la especie dominante. Sin embargo, permanece en su inconsciente, aquella necesidad nunca satisfecha de seguir evolucionando para llegar a ser capaz de sobrevivir a una naturaleza que le exige separarse de su preciada cultura, esta necesidad acarrea deseos desconocidos que difícilmente pueden ser satisfechos, crea vacios que deben llenarse con todo aquello a lo que los humanos pueden aspirar, amor, poder, y a todo aquello a lo que quiere pero no puede llegar, inmortalidad, dios.


Génesis de la transferencia

Es así que fue necesaria la instauración de una segunda naturaleza, una segunda que le convierte en alfa y omega, en principio y fin y en lo que nunca se es, una segunda naturaleza que es regida por la primera y no escapa. Desde un principio el hombre se ha servido de otro ente a lo que su consideración indica que tiene aspectos que se pueden copiar para garantizar la sobrevivencia: “no, no fue con mis cualidades que supe enfrentarme al animal. Fui utilizando las suyas (…) lo que utilizo contra el animal son sus propios signos para confundirlo en su territorio (Dufour, 1999).
Esta aseveración es crucial para entender la relación que existe en la neotenia con la transferencia. Acorralado en su incapacidad, en su falta de habilidades físicas para lograr proveerse de la naturaleza como el resto de los animales, el ser humano se ve en la necesidad de copiar y reproducir las estrategias de las demás especies, habilidades y características que le son ajenas. Es así como el ser humano llega a transferir lo que necesita y que se encuentra ahí en las demás especies.
Dufour analiza similitudes en las culturas que dan cuenta de esta alternativa a la que se ve obligado a recurrir, en la que debe absorber al otro para poder suplir su falta y su incompletud,

“Esta práctica de incorporación puede observarse en todos los pueblos de la tierra. Me como en el otro lo que amo de él. (…) En tanto neotene solo puedo devorar los codiciados rasgos del otro. Cuando se está débil, hay que comer exactamente aquello que se quiere ser, es decir, lo que más se respeta y de lo que uno está desprovisto para absorber su potencia” (Dufour, 1999)

¿No es así entonces como opera la transferencia en la misticidad de sus adentros? No es acaso la figura del padre, la madre o una figura representante, aquella que ante los ojos ingenuos del neotene posee todas las características de un ser completo y que a través de una identificación con esta figura se fija en el propósito de verse completo como aquél. Acaso el sujeto no incorpora para sí las características que le son ajenas e indiferentes, y construye, a lo largo de su existencia, relaciones transferenciales en una repetición que delimita su necesidad de devorar lo que encuentre a su paso, tratando de llenar ese vacio al que le obliga su incompletud biológica, relaciones la pareja, con los pares y con la figura del analista, le atraen como abeja a la miel, sabe que en ellos se encuentra aquello de lo que el ha sido desprovisto, despojado desde el principio de los tiempos, impasivo ante la magnificidad de las demás especies, no le queda más que contemplar lo que cada vez le queda más lejano, más impropio.

Por que si me hubiera quedado hombre, me habría quedado neotene, incapaz de habitar el instante por ser no finito, no finalizado, por no tener ningún lugar a donde ir, ninguna cita con ningún objetivo del mundo, por no habitar en ninguna parte. (Dufour, 1999)

La transferencia entonces encuentra sus orígenes en la neotenia, como un desencadenante que activa en el ser humano una búsqueda frenética por encontrar en el otro (y en el Otro) cada una de las finas piezas que han sido robadas del gran rompecabezas en que se encuentra atrapado, atrapado por destino en una inmadurez constante y sin salida, ha encontrado sostén en una segunda naturaleza, que habita y gobierna, en donde se protege de la amenazante naturaleza y es una ideal trampa para atraer a sus presas, utilizando como carnada sus afectos de transferencia.
En palabras del mismo Dufour:

Y cuando se está desprovisto totalmente, hay que comerlo todo, y es así como se llega a ser omnívoro, es decir, un ser dotado de una omivoracidad para todos los rasgos de potencia que no tiene. Si fui un gran cazador de jaguares fue entonces para llegar a ser jaguar yo mismo. (Dufour, 1999)

La analogía que Dufour hace del cazador de jaguares encaja perfectamente con la experiencia transferencial, si se quiere ser un humano completo se deben cazar todas las relaciones con una figura de poder que brinden al neotene un jugoso manjar que irá completando poco a poco su ser, y suplirá esa carencia física por una mimetización con aquello que se quiere ser, conformado en su psique por aquello que se devoró y que será, hasta la muerte, un clisé que orillará a una búsqueda repetida de características idénticas en esencia, aunque se trate de presas diferentes.

El lenguaje del neotene

Es necesario ahora examinar la importancia del lenguaje en la construcción del sujeto neotene, ya que al igual que la cultura surge a partir de el estado inacabado en que el ser humano se encuentra, el lenguaje se forma con el mismo fin, proteger al neotene de la naturaleza.
El hombre no habita el tiempo actual, él se ha convertido en una anticipación del futuro y un recuerdo del pasado, sin embargo la necesidad de hablar sobre lo que le aconteció y lo que le está por suceder hizo necesaria la creación de un lenguaje que le permitiera esta comunicación, este lenguaje tiene la característica peculiar de hablar de las cosas cuando están ausentes en una forma de representaciones simbólicas que remitan a un objeto o situación en particular, tal como lo menciona Dufour “el lenguaje es aquello gracias a lo cual las cosas ausentes pueden traerse al presente, es decir re-presentarse.”(Dufour, 1999), es mediante el lenguaje que el hombre no habita el tiempo en el instante, pues la función de este es representar las cosas ausentes donde el hombre refiere siempre a cosas que han pasado y sucederán en algún momento, es el lenguaje el que introducirá en la percepción, un disfraz del deseo, pues el deseo esta representado en el lenguaje. En este caso podemos referir que fue mediante la neotenia que el hombre puede referir un lenguaje que tiene como función llenar la falta, exiliándose el hombre mismo de la naturaleza primordial e inventando una naturaleza virtual en función de sus carencias.

Es ahí donde ahora habito, ya no en el territorio natural, sino en el territorio de los signos que los neotenes no dejan de modular, de encadenar y de intercambiar entre ellos (…) la especie neoténica, compuesta como tal por seres inacabados e incapaces de habitar el verdadero mundo, se creó pues un segundo mundo, sustitutivo gracias al lenguaje. (Dofuor, 1999).

Por lo tanto es el lenguaje el que nos convierte en sujetos, es el lenguaje quien disfraza los deseos y nos los muestra imperceptibles para la conciencia, es el lenguaje quien hace hablar al hombre de lo que no es, menciona Dufour “siempre tengo que presentarme en el transcurso mismo de las representaciones que doy. Hablo con la obligación de tenerme que mostrar que soy el sujeto de la representación, de la ficción o del espejismo que creo.” (Dufour, 1999),
Para convertirse una persona en sujeto tiene que ser atravesado por un orden de situaciones que lo lleven a eso, es verdad que desde el momento del nacimiento se esta instaurado en el mundo del lenguaje pero esto no es suficiente, tiene que existir una ley que nos obligue a utilizar de forma concisa el lenguaje bajo un orden que nos enmascara una falta y que el discurso rodeara dicha falta por el hecho de que no se puede acceder a ella.

Por Ruiz-Bautista

viernes, 13 de febrero de 2009

La muerte de Dios posmoderna



"Dios ha muerto, el Rey ha muerto, el Pueblo ha muerto[...] nosotros los matamos a todos, [...] ahora hemos quedado solos, vivimos irremediablemente solos con nosotros mismos" (Dufour, 1996)
Con esta frase dio inicio el primer acercamiento que tuve con el filósofo francés Dany-Robert Dufour, causó un impacto muy profundo en mi leer sobre el reverso de su obra "Locura y democracia" ese parrafo tan revelador. ¿Cómo no pude darme cuenta antes que ésto era lo que yo habia venido buscando?. Y es que en los textos de Dufour había encontrado aquellas ideas que vagaban dispersas de una manera latente en mi interior, y devoré entonces aquella obra que mostraba el camino que mis trabajor tomarían posteriormente.
He sido gratamente influenciado por sus ideas acerca del nuevo sujeto posmoderno y sus ideas de un nuevo Gran Otro, que complementaria después con lecturas de el resto de sus obras.
Quiero presentarles hoy la entrevista que le fue realizada en México a Dufour como una forma de mostrarles el por qué de mi admiración por sus trabajos, y como entrada a discusiones que posteriormente ire publicando sobre sus ideas y algunos trabajos de mi autoría en los que han participado sus ideas y teorías como parte fundamental. Espero lleven conmigo la lectura del siguiente artículo a una discusión sobre las ideas que ahí se plasman y compartan sus críticas y dudas sobre la idea que Dufour tiene de el nuevos sujeto posmoderno autorreferencial. Que lo disfruten.



La muerte de Dios postmoderna

Angélica M. Aguado y José J. Paulín
entrevista con Dany-Robert Dufour




Dany-Robert Dufour, considerado como uno de los pensadores europeos más importantes, es doctor en filosofía, profesor de estética, educación y filosofía del lenguaje en la Universidad de París VIII. Ha publicado, entre otros libros, Les mystères de la trinité (novela, Gallimard, Paris, 1990), Les instants décomposés (Julliard, Paris,1993) y Locura y democracia (Fondo de Cultura Económica, México, 2002). Esta entrevista fue realizada durante los trabajos académicos que organizó la maestría en psicología clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro, en octubre de 2005.


–Sabemos que usted está de acuerdo con una de las tesis de quien fuera su maestro, Jean-François Lyotard, acerca de que la humanidad habría entrado en una nueva edad de la historia: la postmodernidad. A grandes rasgos, ¿qué es exactamente lo que caracteriza a esta etapa?

–La postmodernidad se caracteriza, según Jean-François Lyotard, por el fin de los grandes relatos de emancipación de la humanidad que fueron elaborados durante la modernidad, la cual funcionó en torno a ciertos ideales, por ejemplo el acceso a la razón y al criticismo y la emancipación social. Tomen como ejemplo el marxismo y la salvación social –prometida de alguna manera con referencia al pueblo–, y el acceso a ciertas "fuerzas oscuras" (pienso ahora en Nietzche o en Freud, que decían que en cuanto accediéramos a ellas nos íbamos a liberar). Entonces, los que sufren frente a la postmodernidad serían esos grandes relatos, ya que ésta pondría fin a esas esperanzas y a esos ideales. Así que la postmodernidad dice globalmente que ya no seremos salvados ni por Dios, ni por el proletariado, ni por ningún ideal de emancipación. Esta teoría fue enunciada a finales de los setenta por Jean-François Lyotard, y la característica histórica interesante es que unos años más tarde –de manera casi simultánea–, llegó la ola neo o ultraliberal. Entonces creo que hay una enorme relación entre la postmodernidad y el neoliberalismo o el ultraliberalismo, que se ha difundido en el mundo con la globalización. Y lo que ha sido anotado desde un punto de vista cultural bajo el nombre de postmodernidad tiene que ser puesto en relación con lo que sucede a nivel económico y político, y lo que está sucediendo está afectando a todas las grandes economías humanas clásicas, por supuesto la economía mercantil, la economía política, la economía simbólica y la economía psíquica. El hecho de que ya no existan grandes referentes en torno a los cuales organizarnos, modifica considerablemente la situación de las grandes economías humanas.

–¿Cuál sería la diferencia entre neoliberal y ultraliberal?

–Neoliberal quiere decir literalmente "nuevo liberalismo". Ahora bien, creo que no es un "nuevo" liberalismo; sólo hay un liberalismo llevado hasta sus últimas consecuencias, un liberalismo que fue enunciado hacia 1768 por primera vez por Adam Smith, y que se presenta como la posibilidad para los individuos de entregarse a la ganancia máxima y seguir todos sus cálculos egoístas; que decía que "podían hacer" sin ningún límite, sin ninguna vergüenza, porque de todas maneras existía una Providencia que iba a transfigurar los vicios privados en virtudes públicas, es decir, en riqueza colectiva. Es este régimen, simplemente llevado hasta sus últimas consecuencias, el que vemos aparecer en el mundo, sobre todo a partir de 1980 con Margaret Thatcher, en Inglaterra, y con Ronald Reagan, en Estados Unidos, y que implica la destrucción de todas las formas de regulación (políticas, simbólicas). O sea que es el mismo liberalismo que fue enunciado hace dos siglos el que vemos ahora, pero con una potencia total que ha logardo hacer desaparecer todas las otras características modernas de las cuales hacíamos mención antes; la posibilidad de una regulación a través de lo político y la posibilidad de que nuestras acciones estén referidas a cierta cantidad de ideales, esto es lo que desapareció. El lema del ultraliberalismo es "dejar hacer" y "sin límites", lo cual tiene consecuencias psíquicas importantes.

–¿Cuáles serían esas consecuencias psíquicas para el que, a todas luces, parece ser un neo sujeto?

–En la época moderna teníamos un sujeto doblemente definido: estaba definido por el ideal crítico kantiano que apareció alrededor de 1800, y estaba definido también por la condición subjetiva de este sujeto moderno caracterizada por la neurosis. ¿Y qué es el sujeto freudiano? Es un sujeto que no puede hacer todo, y sobre todo no puede hacer una cosa, lo único que de hecho quisiera hacer desde que es niño: casarse con su mamá. Entonces se ve obligado a renunciar (está marcado por la renuncia), tiene que estar de acuerdo con una substracción de goce, que se traducirá en beneficio de lo colectivo. Esto es lo que Freud llamó la "civilización" (por cierto que la "marcha de la civilización" era un tema que le importaba mucho). Yo creo que el sujeto postmoderno, o lo que ustedes llamaron "nuevo sujeto", es un sujeto que ya no está marcado por la necesidad de esta substracción; es un sujeto que debe poder obtener todo lo que quiere en función de lo que Adam Smith llamó la maximización de las ganancias. A partir de entonces es un sujeto que se presenta con una nueva característica, la de ser un ser sin límites, y por lo tanto entra en otra economía psíquica distinta a la del ser humano moderno que se ve obligado a renunciar a una parte para que lo demás funcione.

–En su libro, On achève bien les hommes. De quelques conséquences actuelles et futures de la mort de Dieu publicado en Francia, (Denoël, 2005), usted analiza algunas consecuencias actuales y futuras de la muerte de Dios. ¿Cuál es entonces el lugar de Dios en esta postmodernidad.

–Me están haciendo una pregunta muy interesante porque, de hecho, los grandes relatos de salvación de la modernidad han muerto en la postmodernidad. Así que podríamos decir que Dios ha muerto, pero este vacío trascendente de Dios fue reemplazado por la nueva Providencia que mencioné hace rato, que es la Providencia del mercado. Es el mercado el que se presenta como un nuevo dios: potencia, omnipotencia; podría hacer todo, regular todo. Así que estamos ante una especie de nuevo dios. El problema es que este nuevo dios no cumple sus promesas –sus promesas divinas, puedo decirlo así. ¿Por qué? Porque el mercado es una simple red de intercambios, un ámbito donde se puede intercambiar todo, todo lo que es mercantilizable en el mundo; de hecho todo se vuelve susceptible de ello, incluso el derecho a contaminar. Como ustedes lo saben, uno compra el derecho a contaminar, o puede comprar niños, u órganos, o se pueden adquirir derechos sobre lo vivo. Así que en esta red todo es intercambiable. La organización trascendente o trascendental de antes, con la presencia de los antiguos dioses, ya no funciona en la postmodernidad. Entonces esto deja a los individuos de la postmodernidad con preguntas muy graves a las cuales este nuevo dios no responde. Por eso me parece que observamos una especie de retorno de lo religioso, pero es algo parareligioso, son nuevas religiones; pienso, por ejemplo, en el neoevangelismo, en el fundamentalismo, en los integrismos (en todo lo que llegó con la nueva elección norteamericana), que se presentan como "suplementos de alma" (cuando uno no se siente muy bien, un "suplemento de alma" es lo que aporta una especie de consuelo). Entonces, ante el mercado que deja a los individuos frente al tormento de su origen, si podemos decirlo así, vemos la presencia o la aparición de nuevas formas religiosas extremas, y entonces parecería que en el mundo actual el lema, la fórmula que está apareciendo es la siguiente: mercado para asuntos serios y parareligión para los neuróticos, para aquellos que continúan y persisten en eso de ser neurótico. Y con respecto a esto, lo que sería interesante considerar también son los dioses premodernos. Pienso, por ejemplo, en el islamismo, que se refiere a formas que no aceptan el mercado, por eso no es una casualidad que el 11 de septiembre sea el mismo símbolo del comercio mundial, es decir, que el World Trade Center sea el que haya sido destruido. Aquí estamos ante una lucha entre dioses premodernos y el dios postmoderno del mercado; es una lucha a muerte.

–Háblenos sobre la teoría de la neotenia y la creación de estos dioses.

–Bueno, en efecto trabajo desde hace algún tiempo sobre las cuestiones de la neotenia. La neotenia me parece una teoría muy importante que nos permite volver a pensar las relaciones naturaleza-cultura y contemplar desde un enfoque nuevo todos los grandes asuntos humanos, es decir, el lenguaje, el pensamiento, el arte, el psiquismo, todos estos grandes asuntos importantes y difíciles. La neotenia se presenta como una teoría científica que dice que el hombre es un animal de nacimiento prematuro, que nace inacabado en su naturaleza, contrariamente a los otros animales –que nacen, si no completamente acabados, sí muchísimo más acabados que el hombre. Y las pruebas de esta condición inacabada, o inmadurez en el momento del nacimiento, son numerosas. Les doy algunas: la ausencia de pulgar oponible en los pies, la ausencia de sistema piloso, el hecho de que el sistema piramidal aún no esté terminado, que las paredes cardíacas no están cerradas, que el cráneo tampoco está cerrado, o la ausencia de dentadura de leche en el momento del nacimiento. Todas estas son pruebas de que el ser humano nace prematuro. Entonces, a partir de esta idea de la naturaleza inacabada del hombre, sólo hay algo que nos permite entender que este ser, que prácticamente fue abortado, sobreviva en el mundo: la única posibilidad es que este ser se complete por fuera de la naturaleza, en lo que hemos llamado Cultura. Ahora bien, en el centro de la Cultura, encontramos algunas grandes figuras en torno a las cuales se organizan todas las culturas –en una región y una época determinadas–, y entonces esta necesidad de terminación en la Cultura, organizada en torno a esta gran figura que podríamos llamar un gran sujeto (la que utilizando una terminología lacaniana nos remitiría a las figuras del Otro), es lo que caracteriza las consecuencias psíquicas y físicas de la neotenia. Hay que hacer notar que la humanidad ha conocido muchas figuras del Otro, aunque el bagaje natural con el que el hombre viene al mundo desde hace doscientos mil años sigue siendo globalmente el mismo, el pedazo de Cultura que se le agrega a este pedazo natural ha sido diferente a lo largo de distintas épocas. Entonces habría que considerar –y eso es lo que traté de hacer en mi último libro–, esta estructura que implica no solamente la presencia del Otro, sino que también cabría hacer algo así como una historia del Otro, o una historia de las figuras del Otro, y yo creo que si hiciéramos esto último estaríamos mejor armados para entender qué es lo que nos sucede ahora. Porque perfectamente podría ser que la postmodernidad esté caracterizada justamente por la desaparición de toda figura creíble del Otro, lo cual implicaría, por lo tanto, algunas preocupaciones para lo que le suceda a la civilización en el futuro.

–Si la teoría de la neotenia nos plantea a los seres humanos como inacabados, prematuros, implantados en ficciones, es decir, en creencias de Dios, la pregunta sería: si la postmodernidad presenta la posibilidad de la muerte de Dios y lo que ha venido a ocupar ese lugar es el mercado, entonces, ¿la oferta de las nuevas religiones es la existencia de un dios falso?

–No, yo creo que es en esta declinación de las distintas figuras del Otro que la humanidad ha conocido, donde hay que contar formas extraordinariamente diversas de la divinidad, o formas extremadamente diversas de lo que se da en llamar "el soberano", o formas muy diversas de lo que se podría llamar la soberanía. Piensen, por ejemplo, en la historia occidental, en la cual pasamos de la physis griega, los dioses de la naturaleza, el politeísmo griego, a todas las variedades del monoteísmo; pasamos a una forma de la teología política con la monarquía absoluta, luego pasamos a nuevas apariciones del soberano: el pueblo; así, por ejemplo Rousseau, en El contrato social, llama al pueblo "el soberano", y esa es una nueva forma de relación con un tercero. También conocimos formas de religión del arte, de religión política, por ejemplo Marx era alumno de Hegel, y en esta teleología de la Historia no es la realización del espíritu absoluto lo que estaba en el orden del día para Marx, sino el advenimiento de una sociedad sin clases, lo cual en el fondo está muy cercano al proyecto teleológico y lógico de Hegel. Por eso hablo del marxismo como de una teología política. Resulta que todo esto se desmoronó, entonces, efectivamente, por el momento, no tenemos nada más que el mercado que no mantiene sus promesas, y tenemos el regreso de falsos dioses. Entonces, claro, esta época es una época contrariada, difícil, decepcionante. Pero yo creo que se están buscando nuevas formas de soberanía, yo creo que la forma que apareció más o menos hacia 1800 en la época de la Ilustración no está completamente obsoleta, sigue estando a la orden del día, permite un verdadero milagro ¿Y cuál es el milagro? Que logramos transformar, en el curso de la Ilustración, las antiguas sumisiones a estas divinidades en nuevas libertades y también limitaciones a la imaginación trascendental. Este lugar del pensamiento era un lugar maravilloso porque era un lugar vacío, no lleno de tal o cual forma divina, sino una forma vacía en la cual la imaginación y el pensamiento tenían que realizarse. ¿Cómo pensar que esta forma derivada de dos mil años de filosofía pueda ser simplemente eliminada por algo tan rústico y grotesco como el mercado, a menos que ya no tengamos ninguna esperanza en los neotenos humanos? Yo creo que sí podemos conservar cierta esperanza, yo creo que hay muchas señales de la resistencia del sujeto a su destitución subjetiva.

–¿Cuáles serían esas señales?

–Son múltiples, no son sólo políticas. Por ejemplo, están en el sujeto que quiere seguir actualizando lo que sucede en él con su deseo, están en el sujeto que no cree que los objetos manufacturados del mercado van a cumplirle realmente lo que él quiere, contrariamente a lo que dice el mercado. El mercado dice: "Quiera usted lo que sea, nosotros se lo vamos a dar." Sabemos que esto deja completamente insatisfecho y que hay que elaborar algo para saber qué es lo que quiere uno de uno mismo, de los demás y cómo deseamos estar juntos. Entonces, por doquier encontramos resistencia: en donde todavía alguien se plantea esas preguntas, escribiendo un poema, elaborando una práctica que no responde simplemente al funcionamiento del mercado, cuando se entrega a una práctica artística, cuando se entrega a un psicoanálisis, al participar en movimientos colectivos de resistencia contra este orden de las cosas; todas estas son formas de resistencia del sujeto frente a su destitución subjetiva.

Traducción simultánea de Ángela Silva Ochoa

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2006/07/02/sem-muerte.html 13/02/2009